El Hombre de la Mancha

un clásico de los musicales

del siglo XX

La historia cuenta que Dale Wasserman estaba en Madrid durante un caluroso verano. Se encontraba afanado en la redacción de un guión cinematográfico. Un día llegó a sus manos un recorte de periódico donde se aseguraba que su estancia en la capital española era para escribir una adaptación teatral de Don Quijote.

Este comentario resultó muy divertido porque al igual que la mayoría de la población conocía de nombre la obra pero nunca la había leído. Así que decidió embarcarse en el viaje de la lectura de los dos volúmenes. Al final se encontró con dos firmes conclusiones. La primera no podía adaptar la obra a la escena y la segunda no tenía nada que ver con la novela sino con el autor.

Anteriormente habían existido intentos de llevar al Caballero de la triste figura a la escena. Hubo muchas propuestas ya sea en ballet, cine, teatro y ópera pero los resultados no habían sido satisfactorios. La razón era obvia el intento equivalía a encerrar el mar en una botella. Por lo que realmente continuaba obsesionando a Wasserman era lo sombría figura del creador del texto.

De este modo se cuestionó ¿Qué clase de hombre fue capaz de verter en un escrito tanta riqueza de ingenio y sabiduría? ¿Quién fue realmente Cervantes? Cómo fue posible que recorriera todos los aspectos de la conducta humana hasta el punto de que toda la literatura está en deuda con él. Así y convertida en una verdadera obsesión Wasserman fue en su busca.

Para su sorpresa descubrió que su vida fue menos misteriosa que la de su contemporáneo William Shakespeare. Escasos documentos dan fe de su existencia. Un certificado de nacimiento, una acreditación de su paso por el ejercito; incapacidad, cinco años de esclavitud en Argel, enredos con la ley que lo envían ala cárcel, excomulgado por la iglesia, fracaso matrimonial, hija ilegítima y la lista de desgracias era abrumadora.

De hecho el infortunio fue la pauta de su vida. La ciega malicia del destino le asestó golpe tras golpe. Fracaso y desastre ese es su historial. Hasta que a los cincuenta años, vergonzosamente pobre, débil de cuerpo y con la vista nublada emprendió la escritura de un libro con la esperanza de que le permitiese sobrevivir el resto de sus días.

En este punto se le ocurrió la idea para una caligrafiar una obra. No una adaptación de Don Quijote sino un tributo al espíritu de su creador. Mezclar y fundir sus identidades. Después de sus investigaciones llegó a la conclusión de que en todas las formas posibles Don Quijote era el mismo Cervantes. Las dificultades por sobrevivir nunca oscurecieron la claridad de su visión, jamás amargaron su compasión,. ni su humor, nunca le desnudaron de su fe.

Con ese quijotesca esencia fue elaborado El Hombre de la Mancha. Como un deliberado rechazo al espíritu reinante en su época y al que todavía permanece en nuestros días.

 


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